URDIMBRES DESAFIANTES

 

URDIMBRES DESAFIANTES (ESTROMATOGRAFÍAS)

Nueva exposición individual de la artista mexicana Astrid Sommer, formada por grandes lienzos pintados, sin bastidor, recién descolgados de las paredes de su taller para viajar a España y ser exhibidos. Como es habitual en esta pintora, las piezas son el paradigma del “horror vacui” constituido por infinidad de signos, brochazos y escorrentías realizados con una técnica en la que el acrílico se presta a esa impulsividad de acción que caracteriza a Astrid. No necesita de bocetos previos porque quienes orquestan la composición son la pasión, la emoción y un aparente libertinaje impulsando los movimientos. Y todo ello aderezado de un optimismo vital que delatan esos colores vivos, vibrantes, luminosos característicos de esta creadora quien, en esta ocasión, más que nunca, quiere reivindicar el uso del “color en libertad”, según sus propias palabras. Añade Astrid que su obra es “una rebelión visual contra la estética del silencio” y “un llamado a recuperar el derecho a sentir y ver en colores”, por eso “las telas, liberadas del marco, cuelgan como estandartes de la causa”.

ESTROMATOGRAFÍAS. Realidades ocultadas.

La palabra Stromata, del griego estroma (στρώμα), urdimbre, tejido mixto, miscelánea, la utilizó por primera vez Clemente de Alejandría en la obra del mismo nombre y trata sobre la importancia de la tradición mosaica para dar testimonio de la fe cristiana con fundamentos sólidos y bien urdidos, respondiendo a las demandas de los sabios y filósofos contrarios a esa fe, pero también para conducir al aprendiz en la más pura realidad de sus creencias. Los Stromata, nos dice, pretenden ocultar hábilmente las semillas de la gnosis. Es un esfuerzo por alcanzar la verdad, porque al igual que el cazador cobra la presa después de buscar, rastrear y seguir las huellas, la verdad es dulce cuando se obtiene con esfuerzo. Los Strómata ocultan la verdad a quienes gustan de contradecirlo todo. La “terca realidad” que se resiste a las conjeturas, a las teorías falsables, a la metafísica de las verdades deducibles, solo se deja domar en el telar de la urdimbre y la trama, tejiendo y destejiendo las diferentes maneras de configurar el anverso y el reverso en la symploké de las cosas.

Aprovechando la presencia en la galería de la nueva colección de lienzos pintados de Astrid Sommer, me ha parecido que no era coincidencia la analogía entre la ocultación de la fe ante los sofistas, en el discurso estromático de San Clemente y el cosmos personal encubierto en la abstracción de Astrid. Veo, en estas obras de la artista mejicana una especie de, si se me permite la invención, estromatografías, teniendo en cuenta que la fabricación, el formato y la intención teleológica de nuestra pintora es, según sus palabras, la de desafiar la apatía sensorial del mundo contemporáneo, si traducimos apatía como agnosticismo artístico. Aceptando la analogía, estaríamos, pues, ante una configuración pictórica que plantea un mágico juego de encubrimiento de las realidades “espirituales” desde su cosmos particular. Nos trae a la galería una colección de piezas abstractas, una acción colectiva de color, una coreografía visual de entretejimiento de colores y tonos, con referencias reales en las artes populares de los maestros tejedores de huapiles mejicanos y tradiciones ancestrales conservadas, que utilizan como materia prima la paciencia artesanal y los productos naturales de su entorno.

En estas estromatografías plasmadas, Sommer asegura, que no pinta formas reconocibles, invoca sensaciones. Pero entonces ¿por qué quiere Astrid, de una manera encubierta en la abstracción, que se filtre la infancia, el desorden alegre, la intensidad del rojo sin miedo, el azul sin justificación, el amarillo que no pide permiso e invita a sentir sin contención, a mirar sin neutralidad, a devolverle al color su poder transformador, su lugar en lo cotidiano, su capacidad de decir lo que las palabras han callado? La respuesta, claro está, la deben descubrir ustedes en presencia del lienzo; ahí se “transustancia” el cosmos espiritual de la autora, ahí transciende el oficio de su arte, ahí se transfiguran las nematologías de su mente sobre el tapiz dibujadas, y se ocultan detrás de ellas las verdades de una realidad inconfesable, imperfecta, impresentable como espejo de uno mismo, encubierta, en una palabra, abstracta.

¿Pero es el arte liberal liberador de algo? Hoy día ayuda. Las bellas artes, artes liberales, (no liberadoras) como se sabe, son opuestas a las artes útiles que tendrían como finalidad propia el servir para producir o adquirir bienes o servicios distintos a ellas mismas. Las artes liberales, no han tenido la misma suerte que, pongamos por caso, las artes de la pesca que siempre han servido para capturar con precisión los mejores peces, o las artes de la guerra que operan con la intención de conseguir el arma más eficaz de aniquilar al enemigo, son artes con finalidad. En cambio, las artes liberales no tienen como finalidad algo subordinado a otra cosa distinta que ellas mismas. Fue el idealismo de Kant, una vez más, quien, en su Crítica del juicio estético de 1790, ensayó una redefinición de las artes liberales por medio de la idea de finalidad, representando la idea ejercitada en el aforismo Ars Gratia Artis, deduciendo que El arte de las artes liberales, tales como la pintura, la escultura, la música… tienen una finalidad, pero muy especial, porque es una finalidad sin fin. Insigne pleonasmo que ha transcendido casi hasta nuestros días y con resultados nada idealistas, sobre las cuales Baumgarten edificó su Aesthetica de 1750. Gnoseología inferior, lo llamaría él, porque se ocupa del conocimiento sensible, mientras que la gnoseología superior se refiere al conocimiento racional o lógico.

Sin embargo, quizá deberíamos pensar, en contra de lo anterior, que las artes liberales pueden ofrecer una ontología (o forma de existir) que podría mantenerse, en sí misma como finalidad útil desde una perspectiva noetológica y se acercaría, inesperadamente, del arte sin finalidad a la necesidad de fines como en las ciencias más firmes, (también llamadas alfa-operatorias), es decir, aquellas obras artísticas que han logrado segregar por sí misma a los sujetos operatorios que las crearon y conforman ya en sí mismas una identidad sintética propia que las aproxima a las morfologías que definen la realidad, equiparándolas con las obras de la Naturaleza inorgánica. Sobre esta nueva morfología propia de la materia en su grado de materialidad artística, cobra sentido la presencia de otras sensibilidades formando parte del juego del arte útil, intentando compartir esas realidades ocultadas por el genio, en abstracciones, como es el caso Astrid Sommer.

En definitiva, obras de arte liberales, útiles para hacer crecer el entendimiento simple de las cosas, tanto si procede de los artistas contemporáneos que utilizan la libertad de lo abstracto, como de los artesanos humildes que cuidan fabricar con detalle los tapetes pintados con cochinilla de los nopales.

Sobre los adjetivos que Astrid Sommer coloca al margen, intitulando sus obras, se podría decir que pertenecerían a otra clase de relaciones semánticas entre el nombre y lo nombrado. Dichoso, ilusionado, impulsivo o bizarro serían calificativos universales que, a mi modo de ver, auxiliarían la visión de la obra aureolándola de un estado de ánimo preferente para el disfrute ambiental, y así conseguir un contrapunto suave junto a la arrolladora improvisación que se desprende de los impactantes estromas resultados. Algo así como el título A Love Supreme que John Coltrane dio a su obra más abstracta.

Roberto Ballesteros

Comisario

 

ASTRID-SOMMER
ASTRID SOMMER
h

AUDAZ

Acrílico sobre tela

150 x 180 cm

h

BIZARRO

Acrílico sobre tela

150 x 195 cm

h

DECIDIDO

Acrílico sobre tela

150 x 195 cm

h

DICHOSO

Acrílico sobre tela

200 x 400 cm

h

IMPULSIVO

Acrílico sobre tela

150 x 195 cm

h

INTRÉPIDO

Acrílico sobre tela

200 x 300 cm