24 Feb ART CENTRAL HONG KONG 2025
Del 26 al 30 de marzo

Nuestro proyecto para Art Central Hong Kong 2025 muestra en diálogo las obras de dos artistas españoles que, a través del retrato pictórico figurativo, pero desde formulaciones muy diferentes, coinciden en representar la incomunicación social que propician las nuevas tecnologías. Por un lado, personas que no son participantes activos de la vida social por la barrera tecnológica que supone la vejez, caso de las pinturas de Conchi Álvarez. Por otro lado, la barrera que suponen esas nuevas tecnologías para casi cualquier edad, convirtiendo al ignorante en impedido y discapacitado para la mayor parte de las gestiones diarias, como denuncian las piezas de Diego Cerero.
Diego Cerero es un joven artista que ha empezado a trabajar con STOA recientemente. Sus retratos atraen y sorprenden por la envergadura de las piezas, pero sobre todo por la enormidad de las cabezas que casi desbordan los lienzos. Utiliza una composición impactante con un solo elemento: el rostro, pues los fondos son neutros y casi planos. Lejos del género del retrato tradicional y más aún de los cánones clásicos, la nueva proporción que Diego plantea es de una cabeza colosal, de casi dos metros, que correspondería con una figura humana de 14 metros. Este gigantismo propicia maravillosamente el mensaje que Diego quiere transmitir, así como la gestualidad exagerada que suelen mostrar, pues es imposible sustraerse a su llamada de atención. Las miradas exorbitantes de sus individuos captan la atención del espectador involucrándolo inmediatamente. Es imposible no detenerse ante los inmensos rostros y empezar a hacerse preguntas sobre su posible significado. Diego consigue poner a “trabajar” al espectador no permitiendo que pase de largo por su obra, despertando el espíritu crítico dormido o anestesiado ante una realidad saturada de las incongruencias de la sociedad de consumo y el uso y abuso de las nuevas tecnologías. La juventud de Diego le permite un punto de vista privilegiado para observar y denunciar cómo el avance de esas nuevas tecnologías va relegando a personas aún activas que pasan a engrosar el nutrido grupo de individuos que se va aislando y frustrando por la imposibilidad de comunicarse, a través de retratos caricaturescos, llenos de humor y crítica inteligente.
Conchi Álvarez, artista y comisaria, plantea en la serie “viendo la vida pasar” retratos de los mejores observadores, los más genuinos, los ancianos. La mayoría de ellos, ya apartados de la vida activa, tienen por ello la consideración de jubilados, y esta palabra, que viene de “júbilo”, implica enorme alegría y felicidad, aunque no suela ser así. Esta serie plantea diferentes maneras de “ver la vida pasar” cuando llega la Tercera Edad. Las suyas, hasta donde se ha llegado en esta serie, son personas del mundo rural, lo que significa que este problema de incomunicación propiciado por las nuevas tecnologías, está agudizado por vivir lejos de la ciudad. La artista sorprende a estos ancianos, habitantes de pequeños pueblos, algunos con menos de 100 habitantes, en momentos puntuales de gran sociabilidad, en las fiestas del pueblo, las más de las veces ensimismados, pero perfectamente extrapolables a los millones de ancianos que pueblan el mundo. Unas veces nos miran desde un mundo interior muy profundo, sorprendidos por nuestra presencia; otras, se zambullen en sus recuerdos porque ese es un activo que no les pueden quitar. Son personajes cargados de dignidad que observan desde una atalaya que sólo se consigue con el paso del tiempo, desde un espacio que ha ido atesorando años y años de experiencia vital. Algunos contemplan la vida desde la indiferencia, esperando plácidamente el momento final, otros añoran la juventud perdida, todos desde un aislamiento del “ruido” exterior, un mundo hostil en el que las nuevas tecnologías se convierten no en aliadas, sino en agresoras, atropellando el individualismo y la dignidad de las personas al relegarlas a la dependencia de otros para las tareas más sencillas.

LOST HUMAN CONNECTION 1 (Detalle)
Óleo sobre lino
162 x 97 cm

LOST HUMAN CONNECTION 1 (Detalle)
Óleo sobre lino
162 x 97 cm

VIENDO LA VIDA PASAR (detalle)
Óleo sobre lino
162 x 130 cm

VIENDO LA VIDA PASAR (detalle)
Óleo sobre lino
162 x 130 cm


