ART MIAMI 2025

ART MIAMI 2025

ART MIAMI 2025

Del 2 al 7 de diciembre

Presentamos para Art Miami 2024 un proyecto comisariado sobre el retrato femenino, con obras de 3 artistas españoles: Salustiano, Conchi Álvarez y Diego Cerero.

MIMETISMO y CREATIVIDAD

En la tradición clásica, la célebre disputa entre Zeuxis y Parrasio simbolizó el poder de la mímesis; el primero engañando a los sentidos con unas uvas tan reales que los pájaros intentaban picotearlas; el segundo engañando al propio Zeuxis con una cortina pintada, que parecía ocultar una obra inexistente. En ambos casos, el triunfo residía en la maestría técnica capaz de seducir a los sentidos y a la razón. Sin embargo, Platón, en el Ión, nos advierte que el arte no se explica solo por la técnica. El rapsoda —y con él el artista— se encuentra movido por una fuerza divina, un enthousiasmós que lo convierte en instrumento de lo trascendente. El verdadero arte no se limita a imitar lo real, transmite una energía que desborda la mera destreza. Veámoslo en nuestro triálogo de artistas.

La obra de Salustiano recoge la herencia del retrato femenino neorrenacentista. La idealización de la juventud y la contención hierática de las cortesanas de la pintura italiana del Quattrocento. Con una estética simbólica poderosa y expresiva, love is pop evoca su estilo propio, por el uso del símbolo, el dramatismo y el minimalismo en el entorno; pero en esta Zahara con corona de espinas, al incorporar un símbolo tan potente, es cuando el artista transforma lo inmediato a la vista, lo literal, en sustancia alegórica, poética (del griego poiesis, ποίησις, «acción, creación, fabricación“). La belleza de la composición se convierte así en lugar de tensión entre lo humano y lo divino, entre la gracia terrenal y el sacrificio trascendental, otorgando al retrato una nueva sustantividad poética. Entre la delicadeza del rostro y la dureza de las espinas emerge una tensión simbólica; lo humano enfrentado a lo divino, la gracia santificada de la belleza femenina atravesada por las espinas del sufrimiento carnal. En esta dialéctica, la pintura se ofrece como un retrato que, más allá de lo individual, encarna un arquetipo de espiritualidad y de destino compartido por sus semejantes.

Enfrente, los retratos de Conchi Álvarez. La imponente presencia de la mujer del vestido añil encarna una sustantividad poética vinculada a la religiosidad popular y la identidad cultural, al mostrarse como sujeto íntimo, con biografía propia que trasciende el mero tipo devocional en la carnalidad y materialidad de los cuerpos representados, enraizando lo espiritual en lo humano concreto. Aquí lo femenino es memoria viva de una tradición también compartida.

En las dos obras de Conchi Álvarez, el abanico se convierte en un lenguaje visual de presencia y autoría. Cuando aparece abierto, sugiere diálogo, seducción y una interacción consciente con el espectador; cuando está cerrado, transmite introspección, reserva y reflexión interior. Esta dualidad permite a la artista modular la relación entre lo visible y lo velado, entre lo público y lo privado, mostrando cómo el sujeto retratado no es solo figura, sino portador de su propia voz y presencia consciente. Al mismo tiempo, el abanico actúa como puente entre tradición y modernidad, evocando el costumbrismo español, la elegancia de la mantilla y los códigos de la sociedad histórica, mientras el autorretrato reafirma la autonomía y el plano autogórico (propio, singular) de la creadora. Así, cada gesto, abierto o cerrado, se convierte en parte de una poética visual compleja, donde identidad, memoria cultural y conciencia artística se entrelazan.

La mantilla blanca es un accesorio tradicional español que ha sido utilizado durante siglos, especialmente en ocasiones festivas. Su historia está enlazada con la herencia cultural de España, y su evolución refleja cambios sociales y estéticos a lo largo del tiempo. En Andalucía, las madrinas, suelen llevar una mantilla blanca que representa el importante papel que tienen en la ceremonia y es un gesto de honor y respeto hacia los protagonistas del acto. Además, a diferencia de otros complementos simbólicos que pueden pasar de moda, la mantilla blanca es atemporal y duradera. La alegórica composición permite a la artista modular la relación entre lo visible y lo velado, entre lo público y lo privado, de manera sutil y elegante.

Al lado, los cuadros de Diego Cerero. Las impactantes pinturas constituyen el tercer contrapunto de la exposición, articulando un enfoque contemporáneo y provocador y “estéticamente incorrecto” de lo eterno femenino. Sus lienzos de gran formato ocupan el espacio con fuerza, utilizando perspectivas visuales atrevidas, picados dramáticos y rostros de grandes ojos que llenan el cuadro, lo que genera una presencia inmediata y un contacto directo con el espectador. La inclusión de la frase en inglés “In case of emergency break glass”, inscrita en gafas o lupas, introduce un juego conceptual que mezcla ironía, alerta y reflexión sobre la fragilidad de la acción en la vida contemporánea. Lo femenino se convierte así en un principio poético y político, donde lo estético y lo social confluyen.

Cerero presenta la figura femenina en contextos culturales neoexpresionistas y muy agitados socialmente; su obra se mueve en un plano literal y expresivo, heredero del pop art, el comic, el plano cómico cinematográfico, donde la mujer ejecutiva afirma su poder de elegir, su fuerza reivindicativa y su poética visual activista. Cada gesto, mirada o detalle constructivo está pensado para interpelar al espectador, generando una experiencia que combina complicidad, tensión y narrativa social. Con ello, se sitúa como un autor que une lo pictórico con lo simbólico y sociopolítico, proponiendo una reflexión sobre la presencia femenina en el arte contemporáneo y la cultura visual globalizada, en un discurso nematológico muy apropiado para nuestro presente en marcha.

Esta exposición, como pueden ver, explora con profundidad diversas visiones conjugadas de lo femenino. La re-idealización alegórica del mundo clásico renacentista, la sobriedad neoclásica y costumbrista española, y la veloz e interconectada vida contemporánea dialogan entre tradición y actualidad, combinando gesto, composición y simbolismo para expresar identidad, autonomía y sustantividad poética. En conjunto, revelan un territorio artístico donde lo femenino se constituye como presencia visual conceptualizada, capaz de conectar pasado, presente y contemporaneidad en un discurso plural y coherente. En conjunto, los tres artistas muestran cómo la presencia de la mujer en estas obras puede articular distintas formas de esencialidad mitopoietica (creativa), siendo a la vez clásica, tradicional y actualista, pero con modulaciones que van de lo intrigante, a lo sugerente, y de ahí a lo publicitario.

 

Roberto Ballesteros

SALUSTIANO

SALUSTIANO

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Love is Pop. Zahara con corona de espinas. Det.

Óleo sobre lienzo. Año 2025

Tondo 118  cm

LOVE-IS-POP-ZAHARA-CORONA-DE-ESPINAS-SALUSTIANO-DET

Love is Pop. Zahara con corona de espinas. Det.

Óleo sobre lienzo. Año 2025

Tondo 118  cm

La obra de Salustiano recoge la herencia del retrato femenino neorrenacentista. La idealización de la juventud y la contención hierática de las cortesanas de la pintura italiana del Quattrocento. Con una estética simbólica poderosa y expresiva, love is pop evoca su estilo propio, por el uso del símbolo, el dramatismo y el minimalismo en el entorno; pero en esta Zahara con corona de espinas, al incorporar un símbolo tan potente, es cuando el artista transforma lo inmediato a la vista, lo literal, en sustancia alegórica, poética (del griego poiesis, ποίησις, «acción, creación, fabricación“). La belleza de la composición se convierte así en lugar de tensión entre lo humano y lo divino, entre la gracia terrenal y el sacrificio trascendental, otorgando al retrato una nueva sustantividad poética. Entre la delicadeza del rostro y la dureza de las espinas emerge una tensión simbólica; lo humano enfrentado a lo divino, la gracia santificada de la belleza femenina atravesada por las espinas del sufrimiento carnal. En esta dialéctica, la pintura se ofrece como un retrato que, más allá de lo individual, encarna un arquetipo de espiritualidad y de destino compartido por sus semejantes.

 

DIEGO-CERERO

DIEGO CERERO

BREAK-GLASS-DIEGO-CERERO

BREAK GLASS. Det.

Óleo sobre lino 2025.

 162 x 97 cm

BREAK-GLASS-DIEGO-CERERO-DET

BREAK GLASS

Óleo sobre lino 2025.

 162 x 97 cm

Las impactantes pinturas constituyen el tercer contrapunto de la exposición, articulando un enfoque contemporáneo y provocador y “estéticamente incorrecto” de lo eterno femenino. Sus lienzos de gran formato ocupan el espacio con fuerza, utilizando perspectivas visuales atrevidas, picados dramáticos y rostros de grandes ojos que llenan el cuadro, lo que genera una presencia inmediata y un contacto directo con el espectador. La inclusión de la frase en inglés “In case of emergency break glass”, inscrita en gafas o lupas, introduce un juego conceptual que mezcla ironía, alerta y reflexión sobre la fragilidad de la acción en la vida contemporánea. Lo femenino se convierte así en un principio poético y político, donde lo estético y lo social confluyen.

Cerero presenta la figura femenina en contextos culturales neoexpresionistas y muy agitados socialmente; su obra se mueve en un plano literal y expresivo, heredero del pop art, el comic, el plano cómico cinematográfico, donde la mujer ejecutiva afirma su poder de elegir, su fuerza reivindicativa y su poética visual activista. Cada gesto, mirada o detalle constructivo está pensado para interpelar al espectador, generando una experiencia que combina complicidad, tensión y narrativa social. Con ello, se sitúa como un autor que une lo pictórico con lo simbólico y sociopolítico, proponiendo una reflexión sobre la presencia femenina en el arte contemporáneo y la cultura visual globalizada, en un discurso nematológico muy apropiado para nuestro presente en marcha.

 

CONCHI

CONCHI ÁLVAREZ

PATIO-HERRERIANO-CONCHI-ALVAREZ

PATIO HERRERIANO. Det.

Óleo sobre lino. Año 2025

130 x 97 cm

PATIO-HERRERIANO-CONCHI-ALVAREZ-DET

PATIO HERRERIANO

Óleo sobre lino. Año 2025

130 x 97 cm

Enfrente, los retratos de Conchi Álvarez. La imponente presencia de la mujer del vestido añil encarna una sustantividad poética vinculada a la religiosidad popular y la identidad cultural, al mostrarse como sujeto íntimo, con biografía propia que trasciende el mero tipo devocional en la carnalidad y materialidad de los cuerpos representados, enraizando lo espiritual en lo humano concreto. Aquí lo femenino es memoria viva de una tradición también compartida.

En las dos obras de Conchi Álvarez, el abanico se convierte en un lenguaje visual de presencia y autoría. Cuando aparece abierto, sugiere diálogo, seducción y una interacción consciente con el espectador; cuando está cerrado, transmite introspección, reserva y reflexión interior. Esta dualidad permite a la artista modular la relación entre lo visible y lo velado, entre lo público y lo privado, mostrando cómo el sujeto retratado no es solo figura, sino portador de su propia voz y presencia consciente. Al mismo tiempo, el abanico actúa como puente entre tradición y modernidad, evocando el costumbrismo español, la elegancia de la mantilla y los códigos de la sociedad histórica, mientras el autorretrato reafirma la autonomía y el plano autogórico (propio, singular) de la creadora. Así, cada gesto, abierto o cerrado, se convierte en parte de una poética visual compleja, donde identidad, memoria cultural y conciencia artística se entrelazan.

La mantilla blanca es un accesorio tradicional español que ha sido utilizado durante siglos, especialmente en ocasiones festivas. Su historia está enlazada con la herencia cultural de España, y su evolución refleja cambios sociales y estéticos a lo largo del tiempo. En Andalucía, las madrinas, suelen llevar una mantilla blanca que representa el importante papel que tienen en la ceremonia y es un gesto de honor y respeto hacia los protagonistas del acto. Además, a diferencia de otros complementos simbólicos que pueden pasar de moda, la mantilla blanca es atemporal y duradera. La alegórica composición permite a la artista modular la relación entre lo visible y lo velado, entre lo público y lo privado, de manera sutil y elegante.