VOLTA BASEL 2025

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Del 19 al 22 de junio

URBANISMO UTÓPICO Y NATURALEZA IDEAL. Geometría y Sinexión.

La sinexión es el vínculo que enlaza realidades o aspectos de la realidad que necesariamente son distintos, pero están conectados. De esta manera se dice que, los dos polos de un imán o el reverso y el anverso de una moneda están sinectivamente relacionados. Como conectadas están las dos realidades representadas en los trabajos de Conchi Álvarez y Miguel Ángel Iglesias.

En los jardines de Conchi Álvarez el paisaje natural está transformado por el Demiurgo artístico de la pintora, que transfigura la naturaleza naturante, Natura naturans, en su definición panteísta más genuina, en el apacible jardín hispano musulmán, paseo y descanso del día, donde se goza de las armónicas leyes de la geometría, recreando el espacio físico, propio de la naturaleza en su sentido étimo, es decir como fysis φύσις, nombre griego que según Aristóteles corresponde al verbo producir, engendrar o crecer. De ahí que análogamente, Natura sea el nombre latino que da significado al verbo nacer o nación, siendo traducido por Naturaleza, en tanto que nominaliza lo que nace, lo que es engendrado.

En el mundo del arte, los jardines con su vegetación, en sus distintas etapas históricas, han ocupado un lugar distinguido, aunque poco preeminente, si lo colocamos al lado de la arquitectura o la escultura. En nosotros está enraizada la idea de que una obra de arte debe poseer el grado máximo de durabilidad y estabilidad, y causar el mayor efecto. En este sentido, el arquitecto paisajista, en cambio, trabaja con un material que pasa por los grados más variados de vitalidad y corrupción orgánica e inorgánica y que sólo en parte se somete a una voluntad estilística. Aunque, por el contrario, los jardines siempre expresan su esencia artística de una forma accesible a todos y su planteamiento constructivo es de una comprensión prácticamente inmediata, mientras que una composición poética o literaria no puede entenderse sin una preparación adecuada. Podríamos decir que no existe espíritu alguno, ni siquiera el más rudamente cultivado, que no capte, aunque sea de un modo difuso, la belleza de un jardín artísticamente ideado.

En tanto que manifestación de un pensamiento constructivo, el jardín implica siempre una idea rectora y un proceso compositivo capaz de plasmar en el espacio natural elegido, toda la esencia de un arte. El carácter y el significado de un jardín reflejan el talante, la cultura, el gusto y la sensibilidad de quien lo crea. Pongamos como un rápido ejemplo, el jardín francés, heredero directo del jardín italiano, amplía y dilata la concepción renacentista, transfiriéndola a terrenos ondulados y a grandes extensiones con amplias perspectivas. Alejado de demandas de orden sentimental, el jardín francés busca efectos de perfección compositiva, en línea con el espíritu cartesiano del Siglo de Oro, que entiende el jardín como una expresión lógica, armónica y de inteligencia racional, pero también respecto al jardín italiano, el jardín francés concede un tratamiento más respetuoso a los elementos naturantes con el fin de modelar su naturaleza sin forzarla.

Sinectivamente, desde la naturaleza organizada del arte de los jardines se enfrenta la ciudad de los rascacielos de Miguel Ángel Iglesias. Esta urbe utópica se fundamenta quizá desde un núcleo esencial enantiomorfo de la ciudad. Sobre la tierra alba del lienzo propiciada o señalada por los dioses o las musas, a la manera de los fundadores de ciudades romanas. Desde su taller el artista, probablemente sin buscarlo, funda su MAI land. Ciudad pictórica que se ha ido convirtiendo, con talento, paciencia y minucioso trabajo, en el proyecto más singular de la historia del urbanismo constructivista, y posiblemente, en su verdadera patria artística, que comparte en sus exposiciones desde múltiples perspectivas, y donde cualquier observador puede habitarla por un tiempo, recorrerla por sus coloridos espacios, saltar por las azoteas, las calles o los tejados. El artista ha construido su utópica ciudad, geométricamente soleada, con un eterno amanecer que anima al viajero que lo sobrevuela a buscar la paz de estar completamente solo en un city imaginaria y disfrutar de cada trazo.

Pero cómo encajaría este urbanismo en la definición de ciudad. No se trata de que existan definiciones que se refieren a concepciones diferentes o a ciudades que constitutivamente no lo son. Es evidencia contrastable que nada tiene que ver una polis griega, con la ciudad medieval, una villa cristiana y una medina musulmana, una ciudad-templo, como Pekín, y una metrópoli comercial, como Nueva York.

Una definición de sinexión temática sería la de Ortega y Gasset, para el que la ciudad por excelencia es la ciudad mediterránea donde el elemento fundamental es la plaza ajardinada. La urbe, viene a decir, es, ante todo, plazuela, ágora, jardines, lugar para la conversación, la disputa, la elocuencia y la política. Pero la ciudad también puede ser un estado de alma, un conjunto de costumbres y tradiciones, con los sentimientos y actitudes inherentes a la moral de cada estado ciudad, que se transmite por generaciones. La ciudad, en otras palabras, no es un mecanismo físico ni una construcción artificial solamente. Está implicada en el proceso vital del pueblo que la compone. Es un producto de la naturaleza humana, sobre eso no cabe duda. Donde la planificación tiene una importancia transcendental para la perdurabilidad. Los urbanistas han estudiado lo que se ha dado en llamar ley de pervivencia del plano. El análisis de la evolución temporal de las ciudades ha conducido a la constatación de que, si bien la edificación se transforma y se sustituye al correr de los años, el plano generalmente permanece o sufre muy contadas rectificaciones. Como en la ciudad de Miguel Ángel Iglesias.

En el jardín panorámico de Conchi Álvarez, no solamente los edificios y los elementos de piedra son inmutables. La ordenación planimétrica y la configuración del terreno no son relativamente estables. Al contrario de lo que ocurre con la apacible vegetación de los jardines de estos cuadros, no están sujetos ni al crecimiento ni a los cambios estacionales, por lo cual la forma fijada y deseada resulta eficiente, y la consistencia de los encuadres no es fortuita y ofrece una referencia bastante acertada de la voluntad de la artista.

Roberto Ballesteros

Comisariado de Exposiciones

MIGUEL ÁNGEL

MIGUEL ÁNGEL IGLESIAS

LA-CUADRATURA-DEL-CIRCULO-MIGUEL-ANGEL-IGLESIAS

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO (Detalle)

Acrílico sobre papel

100 x 70 cm

LA-CUADRATURA-DEL-CIRCULO-2-MIGUEL-ANGEL-IGLESIAS

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO (Detalle)

Acrílico sobre papel

100 x 70 cm

CONCHI-ALVAREZ

CONCHI ÁLVAREZ

RAMA-1-CONCHI-ALVAREZ

RAMA 1

Acrílico sobre tabla

21 x 75 cm

JARDIN-DE-LA-CATEDRAL-CONCHI-ALVAREZ

JARDÍN DE LA CATEDRAL (Det.)

Acrílico sobre tabla

130 x 100 cm