EL ALMA DE LOS BRUTOS
«El alma de los brutos» es la segunda individual del artista Diego Cerero en STOA.
El mundo del heterónimo vaca –toro, y su conexión con el hombre, es uno de los temas más recurrentes en la producción de este joven onubense. No es casualidad que Diego viva en el campo, interactuando con los animales, de ahí la carencia de agresividad en sus bóvidos y unos comportamientos antropomórficos que asombran y seducen. Óleos sobre lienzo de gran tamaño ejecutados con ágil pincelada y abundante materia pictórica. Algunas pequeñas obras en óleo sobre papel abundan en la atmósfera surreal que flota en esta exposición.
CONEXIONES ETOLÓGICAS INESPERADAS. El Alma de los brutos
La obra de Diego Cerero Autorretrato con vaca sugiere de entrada un diálogo entre lo humano y lo animal, lo racional y lo instintivo, lo urbano y lo montaraz. El hecho de que este retrato esté planteado como una doble figura frontal, con la vaca y el artista en el mismo plano, presenta la idea de una aparente equidad etológica, casi una especie de espejo de almas entre dos seres que se observan sin jerarquía, compartiendo el mismo silencio en complicidad. Ambos miran al espectador con la misma gravedad. El traje del hombre frente al cuerpo desnudo del animal señala la distancia cultural, lo social frente a lo biológico. Sin embargo, el tono sereno y la luz neutra eliminan el dramatismo; no hay conflicto, sino reconciliación. Podría interpretarse también como una alegoría del alma dividida, donde la vaca representa la parte terrenal, tranquila, paciente, y el hombre la parte reflexiva o autoconsciente. El pequeño brote verde al lado izquierdo introduce un tercer elemento y que podría ser la vida que continúa, la naturaleza que persiste más allá de la existencia de los individuos, al margen de toda humanidad y las almas brutas que le acompañan. En conjunto, parece una meditación contemporánea sobre lo animal en el hombre y lo humano en el animal, una especie de reflexión filosófica sobre el alma de los brutos, o para decirlo en términos que aparenten confundir menos y parezcan más cercanos a los lectores de hoy, del alma de los animales. Es decir, que algo tan aparentemente metafísico como el Alma está haciendo referencia en realidad a la conducta animal y humana, tan similares en sus aspectos genéricos como ha sabido ver la Etología a raíz de la teoría de la evolución, especialmente desde que Darwin escribió su famoso escrito La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (1871). Esta sería la problemática del Alma de los Brutos que versa sobre las relaciones histórico-filosóficas entre hombres y animales.
En esta nueva Exposición de Cerero, las obras presentadas por el artista desactivan la jerarquía entre lo humano y lo animal. Esto obliga a pensar en la continuidad de la viviente como un fenómeno de conciencia distributiva. Si la vaca también “mira”, entonces también “siente”, “interpreta” y “responde”. El espectador entra, sin saberlo, en una relación moral con la propuesta del autor. La pintura deviene entonces una experiencia ética, donde el espectador quizá experimente la mirada del animal, silencioso, igualado. La conexión con el alma del animal es intentada y los personajes esperan una respuesta. Sugiere quizá un planteamiento visual sobre la coexistencia. Lo humano deja de ser centro, y se convierte en perspectiva que destaca el ethos desde el ego. Este descentramiento es una tesis egológica trancendental, que recalifica la co- existiencia entre las almas brutas de los animales y las cultivadas del humano.
El animal, desde lo etológico es el ser que actúa según sus instintos, sus ritmos biológicos, su pertenencia al grupo o al entorno. Representa la dimensión objetiva de la conducta, observable, natural. En la pintura, sería la vaca —pero también el gesto corporal, la quietud, la presencia material del ser vivo. El animal egológico, el hombre, es el ser que se sabe vivo, que se representa a sí mismo, que busca un sentido o una identidad. Cada obra, sería un punto de cruce entre esos dos planos: el animal que actúa y el que piensa, el cuerpo que siente y el sujeto que compone, que recrea.
La propuesta de Diego Cerero se convierte así en una experiencia etológico- artística, reflexiva y fecunda. Más allá del plano literal se puede entender desde la subjetividad apropiada y, en diálogo con la propuesta, el lugar que cada uno ocupa entre lo biológico y lo anímico, entre el animal y la persona. Estas situaciones artísticas representadas en esta colección etológico-egológica, abren una puerta normalmente clausurada a los espectadores, para intentar un análisis transcendental, más allá del plano visual, en el arte actual. Tras ella se nos aparecen los pares de Ideas filosóficas, que se hacen corresponder con los términos habituales utilizados en la tradición escolástica para hablar de la Idea de Alma y sus «facultades», Conocimiento, Deseo, Sentimiento. Así, dispondremos de los siguientes pares de conceptos conjugados, algunos de ellos dos a dos, Alma/Cuerpo; Conocimiento/Acción (Deseo); Conocimiento/Pasión (Sentimiento). Existen dos tipos de esquemas de conceptos conjugados: los metaméricos, que suponen los pares de conceptos como bloques enterizos, y los diaméricos, que suponen que cada concepto se divide en partes y se relacionan con otros según esas partes (como Reposo y Movimiento).
En los esquemas metaméricos recaen las doctrinas clásicas sobre el Alma de los Brutos. El par Alma/Cuerpo, destaca el esquema de yuxtaposición que ha defendido la filosofía escolástica, en el que se suponen alma y cuerpo como dos sustancias separadas cuya unión se decreta ad hoc, con evidencia. El médico y filósofo vallisoletano, precursor del dualismo cartesiano, Gómez Pereira (1500- 1558), practicaría esta suerte de esquema metamérico de reducción, en tanto que reduciría el Alma de los brutos a la acción de simpatías y antipatías o de espíritus animales, del cuerpo, en definitiva. Sabido es que Descartes resucitó más tarde la tesis del automatismo de los animales; y como meditaba mucho más de lo que leía, pudiera creerse que no conoció las afirmaciones de Pereira; pero ciertos críticos acusan al célebre filósofo francés, no solamente de haberse apropiado las ideas del español, sino también de haber hecho destruir en secreto los ejemplares de la obra de su predecesor. Ostracismo negrolegendario.
Entonces, ¿Failed Connection y Wired Connection, sería un intento alegórico por conectar con el Alma de las vacas? Se dice que, si se entiende por lenguaje un medio de comunicar con facilidad los pensamientos (¿Figura con Vaca 1 y 2?), es evidente que todo animal, que no vive absolutamente solitario, debe tener su lenguaje, y que sería imposible que los animales viviesen como viven en sociedad, si no tuviesen medios para entenderse y comunicarse sus ideas. Las hormigas se dan los avisos necesarios cuando se trata de robar las provisiones. Las golondrinas acuden todas para edificar con prontitud el nido de alguna hembra que va a poner y se ha deshecho por casualidad, y acuden llamadas por la misma hembra que da gritos lastimeros. Las abejas se ayudan recíprocamente para sacar de la colmena los cadáveres de sus compañeras.
Y… ¿Sería el deseo de las Vacas, una vez comunicadas y oídas en sus mugidos y miradas, que se les organizara una sencilla fiesta de unicornios y escapar así de su rutina consuetudinaria?
Roberto Ballesteros